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domingo, 12 de septiembre de 2010

Reportaje: PATINAJE CON SALSA

El Club Patinadores de Sevilla prepara su tercer viaje a Cuba. En diciembre del 2010 continuarán con el proyecto de promocionar el patinaje en la isla caribeña. Tres monitores y cincuenta equipos de patines y protecciones recorrerán nuevamente los parques, plazas y calles de La Habana, Cumanayagua (Cienfuegos) y San Pablo de Yao (Sierra Maestra).
Este proyecto de cooperación al desarrollo deportivo-social está avalado por veinte años de experiencia en Andalucía y las Islas Canarias. Miguel Ángel Vázquez Herce, vicepresidente del Club, es el principal impulsor de esta labor: con el patinaje se consigue iniciar a cientos de niños, jóvenes y adultos en un deporte de deslizamiento, equilibrio y coordinación. Un ejercicio que no requiere de la finalidad competitiva. Una práctica social que facilita las relaciones entre aficionados y una actividad más para disfrutar de las horas de ocio.

La entidad sevillana realizó su primer viaje en diciembre de 2003 a través del vínculo teatral de Viento Sur Sevilla y Los Elementos de Cienfuegos (Cuba). Estas dos asociaciones realizan numerosos intercambios de actores y obras de teatro desde 1998, el efecto de estas actividades en el desarrollo cultural de localidades pequeñas de la sierra del Escambray, enclave montañoso cercano a Cienfuegos, crearon un tejido propicio para implantar una Comunidad Cultural (El Jovero, año 2000), proyecto apoyado por el Ministerio de Cultura cubano con la concesión de diez hectáreas y un presupuesto anual para levantar un anfiteatro, residencias para actores, comedor, cocina, almacenes, oficinas administrativas… Una infraestructura completa en pro de la cultura de base.

Para ofrecer algo nuevo a esta Comunidad, Viento Sur propone al Club Patinadores de Sevilla realizar un taller de formación para los actores de Los Elementos. Una tarea nueva para la entidad deportiva, preparar a actores para que empleen los patines en pasacalles de animación. Sólo bastaron ocho horas para que los comediantes se deslizaran por las calles de Cienfuegos maquillados y enfundados en sus disfraces. El grupo de teatro sorprendió en la concentración anual de actores, malabaristas, zancudos, acróbatas, payasos y al público en general reunidos en el parque central de Cienfuegos para homenajear al querido Trompoloco, payaso carismático cubano de la generación de Miliki, Gabi y Fofó.

El éxito de los actores patinadores provocó la curiosidad de decenas de niños interesados en probar las botas con ruedas. Aprovechando la red de escuelas de teatros de la Comunidad en los centros de educación primaria, el Club ofreció talleres de iniciación para niños en edades comprendidas entre seis y nueve años. Ciento ochenta niños recibieron las técnicas básicas para dominar el patín, decenas de familiares se reunían en la plaza José Martí para ver a sus hijos o nietos deslizarse sobre el hormigón, todo un espectáculo de ánimos y risas entre los familiares. Con diez horas de clases los jóvenes pioneros desfilaron ante las autoridades municipales en el 44º aniversario de la entrada del ejército rebelde en la ciudad. El fin de fiesta se celebró con una demostración de los ejercicios aprendidos y un circuito de habilidades para poner a prueba sus destrezas. Los pasteles caseros, los zumos y los regalos cerraron una actividad que enriqueció la vida de esta ciudad.

La segunda etapa de los talleres para niños se realiza en el pueblito de San Pablo de Yao (Sierra Maestra). La relación de la Comunidad del Jovero con otros centros culturales de la isla permitió el desplazamiento hasta las románticas montañas de Sierra Maestra. En esta comunidad la actividad central es la realización de documentales, el centro impulsor y coordinador de toda actividad cultural es Televisión Serrana, reconocida en Latinoámerica por su labor en la televisión comunitaria e indígena. A la llegada de los monitores sevillanos los grupos estaban organizados, patinaron unos noventa niños, casi el total de la pequeña escuelita de educación primaria. La zona para realizar el taller era una carretera con poco tránsito de vehículos pero al menos llana, las técnicas de iniciación rápidamente se asimilaron, los adultos tenían que estar muy atentos para frenar a los valientes que buscaban las pendientes más pronunciadas. Entre clase y clase los alumnos guiaban a los monitores por las orillas del río Yao, organizaban excursiones para ver a sus padres recogiendo café, caña o cacao, un paraíso de gente amable que agradecía el gesto por ofrecer una actividad nueva a sus hijos.

En este primer viaje se sembró una semilla que no se podía abandonar. Se organizaron cursos de formación de monitores y la donación de todo el material empleado en los talleres para poder continuar con la actividad. El Club se comprometió a mandar material para el mantenimiento de los equipos y repetir el viaje añadiendo un curso de perfeccionamiento en un convenio firmado con el Instituto Nacional de Deportes, Ejercicio y Recreación (INDER).

En el segundo viaje del Club, abril de 2006, se inauguró la primera escuela de iniciación en La Habana. La sorpresa fue conocer la infraestructura creada en torno a las escuelas de competición de velocidad. En la capital era normal ver a patinadores por las carreteras y aceras. Las autoridades deportivas consideraron realizar el taller en una placita de Centrohabana, barrio conflicto, y ofrecer una alternativa distinta a los niños del barrio. Los entrenadores cubanos vieron la oportunidad de captar a futuros velocistas para completar la cantera de las categorías federativas. Los monitores sevillanos adaptaron los contenidos prácticos para perfeccionar a los alumnos que tenían nociones de patinaje.

Tras concluir la etapa de La Habana el Club patinadores de Sevilla realizó el segundo curso en Cienfuegos y Sierra Maestra. Marcar la continuidad en estos lugares era el objetivo de volver a impartir clases, no dejar en un hecho puntual la promoción del patinaje, hacerles ver a los niños que esta opción continua con el paso del tiempo, nos comenta Miguel Ángel Vázquez Herce. En este segundo viaje más de trescientos niños se iniciaron y perfeccionaron en las técnicas de patinaje, nuevamente se donaron cincuenta equipos de patines y se observó que la semilla del 2003 ya tiene un tallito.

La continuidad del proyecto y el conocimiento por parte de los alumnos sevillanos han creado unos lazos de intercambio de cartas y dibujos entre patinadores de ambos lugares.En el próximo viaje, diciembre de 2010, el objetivo es crear escuelas de adultos, iniciar a los padres y madres para patinar con sus hijos. Ofrecer el patinaje como deporte familiar, abrir una puerta de ocio a las relaciones familiares, eliminar las barreras entre los deportes de adultos y los de niños.

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